Jaio

Historia antigua de Jaio

 Intro

En el principio todo fueron dudas… caos y aflicción; negrura espesura que cubría la faz del entendimiento… logos, palabra que lo fecunda todo y a todos, que el señor de los viejos augurios había concebido para este mundo de máscaras y sombras. Antes del alumbramiento (Jaio) todo cambió, por arte de sortilegios, recetas y un pelín de fe –sistema métrico patrio-, ese ser, hacedor de milagros o milagrero hacedor de sueños, según se prefiera, jugó, como juegan los tahúres con la suerte de los otros, con la dúctil naturaleza humana creando un pequeño ser que vino al mundo para cambiar las cosas. Una pequeña luz, metáfora de un dios encarnado, que el hacedor de melodías Sergio Zurutuza ha recuperado de su propia mitología para su último trabajo, JaioNacer, en la lengua vernácula. Jaio es la estremecedora imagen de la creación, el nacimiento, el amor y las consecuencias irreversibles de estos actos, tan humanos qué, como las luciérnagas sobre los cerezos del parque Kenroku, se arrebolan sobre las razones que tiene Sergio para contar la historia de este alumbramiento; un viaje de lo interior (lo que está por hacer) a lo exterior (lo que ya está hecho); travesía de marinos sin pasado que faenan de norte a sur embebidos de la esperanza que nunca se pierde. Estamos ante una catarsis, tan necesaria como lúdica, que busca en el origen (Jaio) las tradiciones ancestrales del ser humano.

Capítulo I

De cómo Nebushi, el niño niebla, fue concebido; sus primeras palabras; su primer canto y su relación con el firmamento.

Esto es Jaio, una original radiografía que narra desde las tripas el despertar de un pequeño ser creado durante unos segundos de pasión; concepción que Zurutuza plantea desde el improvisado diálogo –Intro Jaio– que las guitarras, etéreas y circulares –imagen del eterno retorno platónico- establecen entre la voz del que va a nacer y la del que lo ha hecho posible. Es una música que se pregunta constantemente: ¿por qué?; ¿por qué?… siendo en la plática de los agudos y los graves donde se encuentra la sempiterna respuesta, eco placentero que encadena palabras con acordes, melodía que, por mor del pueril tañido de sus extremidades, parece flotar en un mar de dudas. La intro marca el tempo de la obra que deambula sobre la esperanza del nacimiento y el desasosiego de la propia vida. Cómo ya escribió el apóstol:

[…]Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos […] Mt 18:3.

Quizá sea esta la idea que planea sobre Jaio (quizá), es decir, la de volver a nacer a través de sus melodías para convertirnos en un ser nuevo; una segunda oportunidad que la pasión de los progenitores desencadenó bajo la azulada luz de una noche de verano. 

La criatura se llamó Nebushi, el niño niebla… ¡y habló!, pero su lenguaje era ininteligible incluso para el gran hacedor de sueños. Sus palabras, tiernas e improvisadas -una vez más- llenaban el espacio vacío de los hombres, esos eternos silencios que los amantes se profesaban entre miradas y lamentos. Nebushi vino para encender la llama del genio que a este mundo tanto falta (alter ego), canturreando una extraña melodía que de un modo afligido y nostálgico augura los acontecimientos que están por venir. Sergio pone voz a una de las melodías más pegadizas y agradables de la obra utilizando la nana, como no podía ser de otro modo, para dibujar el despertar de la conciencia que confluye en el nacimiento improvisado del pequeño Nebushi.  

La primera imagen es la que queda; la que otorga, de alguna manera, felicidad al alumbramiento durante los primeros compases de la vida. Arropado bajo el firmamento –Rayas Celestes-, Nebushi, el niño niebla, crece observando cómo sus progenitores, vástagos de una estirpe olvidada, deambulan sin cabeza por la faz de la tierra buscando un lugar que no les pertenece. El ritmo, acompasado y a modo de canon, acrecienta las dudas que las guitarras, ebrias de sabiduría, terminan por disipar colándose a hurtadillas entre las flautas, las voces y el piano (imagen de la niñez) que amamantan la original naturaleza del pequeño Nebushi. Una vez más, Sergio demuestra que lo acontecido en Internas no fue fruto de la casualidad, que su intuitiva habilidad para tejer melodías no tiene límites desterrando del imaginario colectivo cualquier atisbo de duda que pueda nublar la idea que define a este maravilloso hacedor de historias.  

Capitulo II

De cómo Nebushi observa la felicidad de sus progenitores; sus dudas y las consecuencias de sus actos. De cómo entre susurros Nebushi descubre los planes de sus padres. El viaje hacia…. la esperanza.

El diálogo, fluido y continuo, da forma, entre susurros y palabras, a ese estado intermedio de felicidad el que convergen los sentimientos de los protagonistas. Nebushi, arrancado de la tierra yerma, contempla absorto como sus progenitores bailan al son que marcan las notas del amor –Un Vals para…- en un ancestral movimiento que une las vidas de los eternos enamorados. Un amor en ¾ que no abandona ese halo afligido y nostálgico que impregna la primera parte de la historia; un movimiento cuyo compás empieza a romper los lazos que unen el amor con la realidad… Nebushi empieza a tomar conciencia de lo que es y lo que representa (junto a…) anidando en su interior el germen de la libertad que le llevará a emprender el viaje más importante de su vida; porque como dice Sergio: Sí se te pasa el tren… la libertad queda definida por el continuo tañido de las guitarras que aúllan bajo la luz de las voces construyendo palabras que exhortan a coger ese tren que nunca más pasará. Las alas de la conciencia es la imagen de la madurez de Nebushi que ha comprendido, entre susurros y palabras –Xuxurlak, la tonada más luminosa de Jaio-, que el espacio que ocupa es tan efímero como el sol de invierno. Nebushi, hijo de la esperanza, encarna ese sentimiento alegórico del regreso que la quebrada voz de Olatz Isasa nos canta en la lengua vernácula de sus padres (voz norteña henchida de afecto y ternura)  para recordarnos que es en nuestro interior, lugar donde anidan las melodías más sinceras, donde la música puede sembrar el germen de la esperanza que hace crecer bellos recuerdos en la mente y el corazón…

[…]A falta de cielo, vengo de estar una temporada en el infierno para contaros que todo merece la pena sí uno sabe distinguir los sonidos de los ruidos […]

¡Alquimia!, eso es lo que Sergio Zurutuza consigue con Jaio; revelarse contra la apatía de un mundo indolente donde la indiferencia es la nueva fe que nos impide nacer y crecer con valentía… Nebushi es la imagen de la esperanza que, a través de la voz, desgarrada y solitaria, regresa de las profundidades del averno para decirnos que no todo está perdido sí sabemos escuchar lo que este mundo tiene que decirnos.

     Escuchar es la nueva ley del universo.

Todo está listo… las miradas se funden con el movimiento que deforma la realidad a través de la melodía más sentida de Nacer Viaje a Beautiful-, canto que rezuma inocencia por todos los pentagramas de su estructura. El piano y la guitarra son los garantes de esa inocente mirada que Nebushi no abandonará hasta el final del trayecto.

             El sur…

Capítulo III

De cómo Nebushi llega al sur, última etapa de su viaje, y de cómo entre cangrejos, salitre y espuma encuentra su sitio en el universo…

El sur… tierra de luz, poetas y claveles que Sergio describe entre palmas, jazmines y guitarras para ubicar el nuevo amanecer de Nebushi. (The Golden Crustazy) Todo se torna más luminoso cuando el final está cerca; merecida recompensa a una historia marcada por las tonalidades grises –tónica dominante- que una pasión desenfrenada trajo al mundo una azulada noche de verano. El final está marcado por el silencio que el músico le otorga a la historia, colofón que como muy bien dice el propio autor es absurdo. Aunque prefiero pensar en esa idea del eterno retorno que plantee unas cuantas líneas más arriba y que tiene en la melodía de lunas, farolas y bemoles el cierre perfecto a esa maravillosa luminaria llamada Nebushi, luz que ya forma parte del firmamento. Las guitarras, cíclicas y envolventes, una vez más, vuelven a cantar de un modo improvisado el nuevo y esperado nacimiento de ese pequeño ser llamado Niño Niebla

Esta es la historia antigua de Nebushi, el niño niebla, narración que habla de la creación, el nacimiento, el amor y las consecuencias irreversibles de los actos humanos, y que tiene al poeta de la creatividad Sergio Zurutuza –Trébol de 4 hojas en mi vocabulario- como gran maestro de ceremonias. Jaio es una hermosa obra que muestra que todavía hay esperanza para encontrar la verdad –su música es sincera- que se encuentra oculta en este jodido mundo. 

            Sí se te pasa el tren…

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3 comentarios en “Jaio

  1. Reblogueó esto en sergiozurutuza-musicaypoesia.comy comentado:
    Antonio Pardo Larrosa, persona importante en éste ciclo de mi vida creativa, ha creído conveniente sacar de su baúl (con motivo de mi presentación a los PREMIOS MIN) ésta hermosa y original reseña que se curro con todo su buen hacer, y que compartimos 2 días antes de aquél todavía cercano 7 de Septiembre en el que Jaio/Nacer vió la luz. Tengo que decirte Antonio, y también a los que me leeis, que ésta reseña puede resultar de un tono Intelectual, para muchos, que lo es, y por ése motivo les pueda resultar, por así decirlo, compleja y refinada. ¡Por supuesto!, Antonio es un tio que sabe escribir, y además gasta de creatividad para en lugar de dar una simple opinión, crear una historia dentro de otra historia y con ella da su sincera y creativa opinión. Lo que te quería decir, aparte de lo agradecido que estoy por tu ayuda, pero sobre todo por tu acertada compresión de mi obra (no solo de ésta), es que despues de estos meses que han pasado, me ha encantado releer tu reseña, y no solo eso, sino que al leerla con más calma, me ha resultado todavía más alucinante el viaje que te has currado para explicar mi ultima creación.
    Así que no te creas que te tengo en el olvido, ni mucho menos. Todavía más adelante intentaré “robarte” más tiempo, palabras y sensibilidad auditiva. De verdad te digo tio que…GRACIAS ANTONIO, tu reseña no tiene desperdicio.

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